Ansiedad: cuando el cuerpo grita lo que la mente no puede parar

Tabla de contenidos

Mujer estresada frente a laptop

Vivimos acelerados

En nuestra sociedad actual, hemos aprendido, casi sin darnos cuenta, a medir nuestro valor por lo que hacemos, producimos o logramos. Pareciera que descansar se ha convertido en un lujo y no en una necesidad humana básica. Corremos de una tarea a otra, pendientes de metas, resultados, pantallas, sin detenernos a escuchar cómo estamos realmente. En este contexto, la ansiedad ha dejado de ser un síntoma aislado para convertirse en un modo de vida.

Como comenta Byung-Chul Han en su ensayo La sociedad del cansancio:

«El exceso de trabajo y de rendimiento se intensifica hasta convertirse en autoexploración, que es más eficaz que la explotación externa, porque conlleva una sensación de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado

 ¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una emoción con una respuesta emocional y fisiológica ante una amenaza percibida. A diferencia del miedo, que se activa frente a un peligro real y presente, la ansiedad se proyecta hacia el futuro: es el miedo a lo que podría pasar, a lo incierto, a lo que no controlamos. Nuestro sistema nervioso se prepara para luchar o huir ante algo que, en muchas ocasiones, solo existe en nuestra mente.
Desde la psicología, entendemos que la ansiedad cumple una función adaptativa: nos ayuda a estar alerta, a anticipar riesgos, a protegernos. Sin embargo, cuando esta respuesta se activa de forma constante y desproporcionada, deja de protegernos y empieza a desgastarnos.

Una sociedad que no permite el descanso

Vivimos en una cultura que valora la hiperproductividad. Se premia el rendimiento, la eficiencia y la velocidad, pero rara vez se celebra el descanso o la pausa. Incluso cuando descansamos, sentimos culpa. Y esa culpa es el terreno fértil de la ansiedad.
Nos hemos desconectado del cuerpo y de sus señales. No escuchamos el cansancio, el dolor muscular, la falta de sueño o la saturación mental.
Seguimos adelante, ignorando que el cuerpo siempre acaba hablando cuando no le dejamos hacerlo con palabras.

mujer que no puede dormir

Como decía Carl Jung, .

lo que no hacemos consciente, se manifiesta en nuestra vida como destino

Y muchas veces ese “destino” toma la forma de síntomas físicos: palpitaciones, presión en el pecho, dificultad para respirar, tensión muscular, mareos, sensación de ahogo, insomnio… el lenguaje del cuerpo pidiendo un alto.

La psicosomática de la ansiedad

Desde la perspectiva psicosomática, comprendemos que cuerpo y mente forman una unidad inseparable. La ansiedad no es solo un fenómeno mental; se siente en el cuerpo porque nuestro sistema nervioso autónomo, el que regula funciones vitales como la respiración o el ritmo cardíaco, entra en alerta.
Cuando una persona vive en un estado de estrés constante, su organismo mantiene niveles elevados de adrenalina y cortisol. Con el tiempo, esto puede derivar en agotamiento físico, dificultades digestivas, alteraciones del sueño o una sensación persistente de tensión interna.
La ansiedad, en este sentido, no es solo un problema psicológico, sino un grito del cuerpo que nos invita a reconectar, a frenar, a recuperar el equilibrio perdido entre hacer y ser.

Posibles causas de la ansiedad

La ansiedad puede tener múltiples orígenes: experiencias traumáticas pasadas, un entorno laboral o familiar exigente, inseguridad económica, duelos, conflictos afectivos o incluso una autoexigencia excesiva. En todos los casos, subyace una dificultad para sentirnos seguros. Cuando la vida se percibe como una carrera constante, la mente se anticipa a todo lo que podría salir mal, intentando controlar lo incontrolable.

Padres preocupados e hijos jugando en sala de casa

El abordaje terapéutico

Desde Evolet Psicología, trabajo la ansiedad desde una mirada integradora y psicosomática. Esto significa atender tanto los procesos mentales como las sensaciones corporales, reconectando al paciente con su cuerpo y con su propio ritmo interno.

La intervención puede combinar diferentes técnicas:

– Psicoeducación, para comprender qué está ocurriendo y normalizar los síntomas.
– Terapia sensoriomotriz, que permite trabajar la ansiedad desde la conciencia corporal, liberando la tensión acumulada.
– Técnicas de regulación emocional y de respiración, para ayudar al sistema nervioso a recuperar la calma.
– EMDR, cuando la ansiedad está vinculada a experiencias pasadas o traumáticas que no pudieron procesarse adecuadamente.
– Trabajo con la memoria autobiográfica, para integrar los acontecimientos vitales que contribuyen al malestar actual.

El objetivo no es eliminar la ansiedad, porque forma parte de la vida, sino aprender a escucharla, comprender qué necesita decirnos y transformarla en una señal de autoconocimiento.

Aprender a parar

La ansiedad, en el fondo, es una llamada a volver al presente. A detener el impulso de correr siempre hacia el futuro. A reconectar con lo esencial: el cuerpo, el descanso, la respiración, el contacto humano.
Recuperar el derecho a descansar no es pereza, es salud. Es volver a habitarnos.

Si necesitas ayuda para superar la ansiedad y empezar a sentirte mejor, y piensas que puedo guiarte y ser parte del cambio que necesitas, cuenta conmigo, estaré encantada de escucharte y ayudarte en el proceso.

Puedes contáctanos por teléfono o email

O si lo prefieres, envíanos un formulario

Recupera el control de tus emociones y se dueño de tu vida

Compartir lo que te pasa con alguien de confianza ayuda a reducir la carga emocional. A veces, verbalizar lo que nos preocupa ya es un paso hacia la solución.

Artículos Relacionados