Mi escepticismo inicial con la Terapia Online
Durante muchos años pensé que la psicoterapia debía ser necesariamente
presencial. En mi consulta no solo escuchaba las palabras de mis pacientes:
observaba su postura, sus microgestos, su tono de voz y hasta los silencios
cargados de significado. El contacto humano cercano me parecía insustituible para crear el vínculo terapéutico.
Además, técnicas como el EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), muy útiles en el abordaje del trauma, requieren un acompañamiento estrecho, donde la regulación emocional del paciente puede sostenerse de manera más segura en presencia física.
La llegada del COVID: un cambio necesario
La pandemia nos obligó a replantearnos muchos aspectos de la vida, y la terapia no fue una excepción. Con las restricciones y la imposibilidad de vernos en persona, muchos pacientes y yo nos vimos en la necesidad de dar el paso a la terapia online. Reconozco que al principio me sentía reacia, con dudas sobre su eficacia y con el temor de que se perdiera esa cercanía tan importante en el proceso psicoterapéutico.
La sorpresa fue descubrir que la videollamada abría un espacio seguro y
válido. Aunque diferente, seguía siendo real y humano. El contacto visual, la expresión facial, la respiración entrecortada o el brillo en los ojos de un
paciente siguen siendo perceptibles a través de la pantalla. Eso me permitió constatar que gran parte de la comunicación no verbal se mantiene, y que el vínculo terapéutico puede construirse y sostenerse también en este formato.
Lo que aprendí de la terapia online
- Funciona. Los pacientes avanzan, se sienten acompañados y
comparten sus emociones con la misma profundidad. - La cercanía no desaparece. Si bien no es idéntica a la presencial, la
conexión emocional sigue siendo posible. - La flexibilidad es clave. La terapia online facilita que personas con
limitaciones de tiempo, movilidad o distancia puedan cuidar su salud mental sin interrupciones. - No todo puede hacerse online. Hay intervenciones, como ciertas fases del EMDR, en las que prefiero el formato presencial para garantizar un trabajo más seguro y eficaz.
La importancia de la adaptación
Con el tiempo, llegué a la conclusión de que la mejor opción es adaptar la
terapia a las necesidades del paciente. En Evolet Psicología ofrecemos un
modelo híbrido:
- Terapia online, siempre que sea posible y adecuado.
- Sesiones presenciales, cuando la situación lo requiere (por ejemplo, en desensibilización con EMDR o cuando la persona necesita un acompañamiento físico más contenedor).
El objetivo es que el formato nunca sea una barrera, sino una oportunidad. Lo importante no es si la terapia se realiza a través de una pantalla o en un despacho, sino la posibilidad de encontrarse con alguien que escucha, acompaña y guía en el proceso de sanar y crecer.
Mi Reflexión Final
Hoy puedo decir que mi visión ha cambiado. La terapia online no es un “sustituto” de la presencial, sino otra vía, igual de válida, que nos permite cuidar la salud en un mundo cambiante. Lo que se mantiene inmutable es la esencia: la confianza, el vínculo y el respeto profundo hacia cada persona que decide abrir su mundo interior en el espacio terapéutico.
Como decía Viktor Frankl: “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas: elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias”. En Evolet Psicología elegimos adaptarnos, para que ninguna circunstancia, ni siquiera una pandemia, nos impida acompañar en el camino de la sanación.

