Los olvidos que nos preocupan
Cada vez más personas me cuentan que les cuesta recordar nombres, números de teléfono, calles, incluso palabras tan sencillas como el nombre de una fruta. Estos olvidos generan miedo: muchos llegan a preguntarse si estarán desarrollando un Alzheimer precoz o algún tipo de demencia. Sin embargo, la ciencia nos invita a reflexionar: ¿y si no se tratara de un problema neurológico degenerativo, sino de cómo vivimos y atendemos hoy en día?
El papel de la atención en la memoria
Para recordar algo necesitamos dos pasos fundamentales: codificar la información (que entre adecuadamente en nuestra memoria) y recuperarla más tarde. Ambos procesos dependen de la atención. Si estamos distraídos, es muy posible que lo que intentamos recordar nunca se haya grabado correctamente. Vivimos en una sociedad hiperconectada y multitarea, en la que es habitual ver la televisión mientras miramos el móvil, responder mensajes en medio de una conversación o estar en una videollamada a la vez que avanzamos en otros trabajos. Esta fragmentación de la atención impacta en nuestra capacidad de codificar y recuperar recuerdos.
Lo que dice la ciencia
Diversos estudios confirman lo que observamos en la consulta y en la vida diaria:
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- Multitarea mediática y memoria: investigaciones muestran que las personas que utilizan varios dispositivos y medios a la vez (los llamados heavy media multitaskers) tienen más dificultades de memoria de trabajo y menos capacidad para filtrar distracciones irrelevantes. Incluso en situaciones sin estímulos externos, su rendimiento es menor (Ophir et al., 2009; Uncapher et al., 2016).
- Consumo de estímulos breves y rápidos: estudios recientes señalan que ver vídeos muy cortos en rápida sucesión afecta a la memoria prospectiva; esa que nos permite recordar hacer algo en el futuro, como llamar a alguien a una hora determinada (Zhang et al., 2023).
- Estrés y memoria: tanto el estrés agudo como el crónico afectan la memoria de trabajo y las funciones ejecutivas, es decir, la capacidad de mantener información activa, organizarla y utilizarla (Shields et al., 2016). Además, se ha visto que el estrés mantenido en el tiempo provoca desgaste fisiológico, lo que se conoce como carga alostática, que impacta negativamente en el rendimiento cognitivo (Evans & Schamberg, 2009).
- Edad y distracción: con el paso del tiempo nos cuesta más ignorar estímulos irrelevantes, lo que hace que nuestra memoria se vea interrumpida con más facilidad (Clapp et al., 2011). No significa necesariamente demencia, sino una mayor vulnerabilidad a la interferencia.

No todo olvido es patológico
Es fundamental recordar que los olvidos cotidianos, en la mayoría de los casos, no son un signo de demencia. Las demencias tempranas suelen implicar otros síntomas más graves: desorientación en tiempo y espacio, dificultad para manejar actividades diarias, cambios en la personalidad o en el lenguaje, y una progresión clara de los déficits.
Lo que muchas personas experimentan hoy está más relacionado con la sobrecarga de información, el estrés constante y la atención fragmentada, más que con un deterioro neurológico irreversible.
Cómo cuidar nuestra memoria en tiempos de multitarea
Aunque no podemos eliminar todos los factores externos, sí podemos crear espacios para proteger nuestra capacidad de atención y memoria:
- Practicar la atención plena en actividades cotidianas: centrarnos en una sola tarea a la vez.
- Reducir el uso simultáneo de pantallas y limitar el consumo de información rápida y fragmentada.
- Favorecer el descanso y el sueño reparador, esenciales para consolidar recuerdos.
- Implementar rutinas de organización externa (agendas, listas, recordatorios), que liberan a la mente de sobrecarga.
- Incorporar actividades que regulen el estrés, como ejercicio físico, respiración consciente o espacios de ocio sin multitarea.
Una mirada compasiva
Olvidar cosas pequeñas no nos convierte en enfermos, sino en humanos que viven en un contexto de alta exigencia mental y emocional. Reconocerlo nos permite aliviar la angustia y, a la vez, tomar decisiones que nos ayuden a cuidar nuestra mente.
“Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio se encuentra nuestra libertad y poder para elegir nuestra respuesta”.
Viktor Frankl
En ese espacio también está la posibilidad de decidir cómo queremos relacionarnos con la atención, la memoria y el cuidado de nuestra vida mental.
Marisol Montejano Rodríguez, Psicóloga Clínica

